miércoles, 30 de diciembre de 2009

Mamá, tu no leas esto…


Espero que mi madre no esté cerca.
Confieso.
Confieso que tengo unas agujetas terribles que me hacen andar como si hubiera montado en caballo durante tres días por las Alpujarras.
Confieso que aun así llevo una sonrisa radiante en mi cara y mi cutis parece el culo de un bebé.
Confieso que me he pasado toda la noche disfrutando de un orgasmo detrás de otro.
Pero también confieso que todos ellos no son productos de un hombre, ni de mi imaginación.

Estas Navidades he recibido el regalo más aprovechable y practico que me han hecho nunca jamás. Incluso más que cuando de pequeña me regalaban los diccionarios del colegio o los uniformes.
Marc, Laura y yo solemos hacer una cena el día de Navidad. Es la única cena que intentamos que llegue a la altura de las circunstancias, así que pasamos por el mercado y compramos marisco en cantidades industriales, nos gastamos dinero en vino de calidad y usamos los fogones y el horno para cocinar lo que nos comemos.
Y damos buen uso del cava y el vino de más de 5 euros, usamos la mesa del comedor con mantelería (normalmente nos sentamos ante la tele) y nos obligamos a vestir de una forma más elegante. Comemos juntos una vez por semana y nos hemos visto en las peores guisas durante todos estos años, pero la cena de navidad…es distinta. Y también confieso que cambiaria todos los encuentros familiares con gente que no veo nunca y que ni siquiera conozco y que se divierten a mi costa con sus interrogatorios malintencionados, por esta cena de amigos.
Y por supuesto no hay Navidad sin regalos, así que estamos unas tres semanas rompiéndonos la cabeza para que se nos ocurra lo más original y lo menos esperado.
Este año Laura lo ha conseguido.

Con la ilusión de un niño pequeño abres tu paquete intentando al principio no romper el papel, pero las ansias te superan y acabas rasgando el envoltorio. Entonces ves una caja llena de colores vivos, como si de un juguete se tratara y con la frase “incluye pilas”.
Mi nuevo amigo es rosa y tiene unas medidas considerables. Nunca había tenido un juguete así ni me lo había planteado y confieso, una vez más, que en el primer momento me decepcioné y luego me molesté con mi queridísima amiga. Pero a día de hoy, después de convencerme que en la vida hay que probarlo todo, que a caballo regalado no le mires el dentado y que desaprovechar un regalo es feo, he llamado a Laura y le he dicho que la perdono, más aun, que le doy las gracias, más aun, que estoy muy pero que muy agradecida por su regalo y que no sabrá nunca cuanto se lo agradezco.

Confieso que esta mañana me ha costado bastante separarme de él y dejarlo solito en casa me ha llenado de lástima, pero no quiero obsesionarme.

Antes de volver a casa tengo que acordarme de pasar por el super a comprar pilas de repuesto que nunca se sabe.

El regalo de Marc era un fin de semana en un Spa-Balneario para los tres.
Tendremos que hacerle un hueco en la maleta.

viernes, 4 de diciembre de 2009

La buena estrella

Alguien dijo que hay dos clases de personas. Lo que pasa es que ya no se atrevió a continuar.
La humanidad siempre se puede dividir desde mil aspectos diferentes. Piensa en cualquier cosa y verás como puedes diferenciar a la gente y cada uno de nosotros estará metido en uno de los grupos.
Pero para mí siempre ha habido dos clases de personas por antonomasia (quiera decir lo que quiera decir esta palabra), una regla general que no permite duda. Comprobado durante los treinta años de vida que llevo sobre la tierra. Las que les sale siempre todo bien y las que siempre les sale todo mal.
En resumen: los que tienen una flor en el culo y los que pisan mierda continuamente.
Si algo puede ir peor….irá. Está claro y si no que se lo digan a esa otra mitad que mira sorprendida y con envidia a los que se encuentran en el otro bando.
Conozco gente de los dos tipos e intento pegarme más a los suertudos para ver si se me pega algo, pero uno no puede renegar nunca de lo que es.
Tengo una amiga que ha perdido por lo menos 12 veces el DNI o las tarjetas del banco o el monedero. Pues todas ella ha acabado apareciendo en sus manos por arte de magia, o de suerte. Se olvida las llaves puestas, la puerta abierta durante la noche….pues aun no le han entrado nunca a robar. Si se olvida de la fecha para cualquier terminio ….tranquilos que se alarga el periodo o se da cuenta en el último momento. Folla tres o cuatro veces sin condón y ninguna se queda embarazada. En mi caso ya tendría el equipo con árbitro y todo.
El súmmum de la perfección son aquellos que la vida les ha venido siempre sobre ruedas. Para eso ya deberías nacer en un ambiente de estas mismas características con una familia suertuda y a poder ser poderosa en el sentido económico más estricto. Entonces esta persona si sabe llevar su suerte, podrá hacer lo que quiera en la vida. Y seguro que siempre tendrá los mejores trabajos, la mejor educación, encima viajará y se codeará con lo mejorcito.

Y en el otro lado del cuadrilátero tenemos al peso mosca, o peso pluma si me apuras, que por mucho que lo intente no sube más de nivel y que se acaba conformando con la vida que le viene dada, adaptándose a ella lo mejor que puede. Que siempre será un pringado, que por mucho cuidado que preste le roban a él, le entran en casa reventando la puerta sellada con 8 candados, que hará de su día a día una monotonía para sobrevivir, que los jefes putearan….y una lista larga y dura que vosotros mismos podéis enumerar.

Cada uno sabe a que clase pertenece. Yo, en todo caso, sí lo sé.

Alguien dijo una vez que la suerte no existe, que lo que cuenta es el trabajo de cada uno y lo mucho que te esfuerces. El gilipollas que dijo eso era del grupo de los buenos.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Cena de Navidad

Ya me han impuesto la cena de Navidad de empresa.
¡Qué fastidio Dios!
¿Hace falta de verdad?
Los tengo que aguantar toda la santa semana más de 8 horas diaria que encima tengo que cenar con ellos y verlos borrachos perdidos gritando como se quieren y lo magníficos que somos todos. El lunes siguiente a las 9 de la mañana ya volveremos a tener nuestras caras de mala leche de costumbre y nos tiraremos las grapadoras por la cabeza.
Estoy por solicitar que me den la parte del dinero que cuesta mi cubierto en un sobre marrón para que yo pueda ir a donde quiera y con quien quiera a comer.
Si dices que no vas…malo. Entonces eres una antisocial que acabas de quedar como el culo ante tus jefes y como una desagradecida sin corazón.
Las excusas se me acabaron el año pasado y recuerdo aquella noche como algo bastante surrealista.
La cena se hace en una de las plantas de la empresa donde se colocan mesas con catering y bebidas mil.
Luego la música sube de volumen y cuando la gente lleva unos grados de más se desata la corbata y se mete unos meneos.
Bien, vamos a ponernos en antecedentes para contar mi historia del año pasado.
Mi querida jefa, la señora Armengol, es una mujer de casi unos sesenta años con cara de Rottweiler que lleva toda su vida bajo las órdenes del Director. Se dice, se comenta….bueno, es Vox populi que están liados desde hace años. No es extraño ver como cierra la puerta tras de si y sale al cabo de bastante rato. Si él se queda hasta tarde ella se queda por si necesita de su ayuda. Supongo que la mujer de ese hombre que no hay manera de jubilarlo, le está bien porque mientras ella tira de la tarjeta de crédito en las tiendas más caras, se va a sus sesiones de belleza y se le pasan las penas con el jardinero que podría ser su hijo.
Me imaginado muchas veces que en realidad es amor de verdad pero que no puede salir a la luz por las apariencias para un hombre de prestigio y de contactos sumamente sospechosos. Cuando viene la Sra. Armengol con su semblante frío y pálido a sermonearme o dejarme claro lo inútil que soy, me la imagino en los brazos de oso del Director diciéndole cosas bonitas al oído y con ojos de enamorada. Cuesta, cuesta verlo pero yo tengo mucha imaginación.
Bien, pues esa mujer que cada día tiene algo que decirme, que pone los ojos en blanco mirándome de arriba abajo cada mañana por llegar tarde 5 minutos y que no me ha enseñado los dientes ni una sola vez….esa mujer me encontró la noche de la cena en el baño vomitando todo el cava que me había cabido en el estómago.

Antes de eso, me encontré con sus ojos cuando un canapé de mantequilla se me caía en la camisa y me limpiaba disimuladamente con el mantel.

El departamento de Recursos Humanos perdió las formas y casi hacen un estriptis a lo Full Monty, se encontró fotocopias de culos anónimos encima de la máquina y uno de los técnicos perdió las manos bajo la falda de una administrativa, pero solo me vio a mí.

Por eso y por muchas otras cosas no quiero ir a la cena de Navidad de la empresa. Con que cara te presentas el lunes por la mañana cuando la mujer que no te soporta y que si fuera por ella te echaba con una patada en el culo, te ha visto con la cabeza metida en el vater?

Mi noche del 19 de Diciembre del 2008 acabó donde había empezado. No puedo recordar como después de devolver me quedé dormida con la cara sucia y espachurrada en el frío suelo. Nadie me echaría en falta porque la gente se fue a su casa y desperté a la mañana siguiente a los pies de la fregona de la mujer de la limpieza.
Espero que todo eso no lo sepa también la Sra. Armengol.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Feliz Navidad....¿a todos?

Tengo miedo que estas Navidades me aparezcan los tres famosos fantasmas: el del pasado, el del presente y el del futuro.
Y es que no hago más que despotricar de las fiestas que se avecinan y de quejarme de la antelación a todo. ¡Qué manía!

La verdad, no me importaría que me enseñara de nuevo mi pasado. A veces peco de demasiado nostálgica. Y quizás si me pasea por una vida diferente por el hecho que yo no haya nacido, no se note demasiado la diferencia, porque vamos a ser realistas, muchas cosas importantes no es que haya hecho.
¡Cómo entiendo al borde Scrooge!

¿Hace falta pasearte por la ciudad a principios de Noviembre y encontrarte bajo las lucecitas de colores que atraviesan las calles principales?
Y lo más surrealista es que andamos aun en mangas cortas y sin calcetines porque el frío no acaba de llegar. No va a haber Navidades blancas me temo. Qué pena.
¿Hace falta que el Corte Ingles me ponga sus megas estructuras luminosas dos meses antes?
¿Y hace falta que me vaya a comprar una barra de pan, un kilo de manzanas y una docena de huevos y que me den el día 3 de Noviembre unas bolsas de plástico llenas de Papa Noeles y “Felices Fiestas” por doquier?
No, no hace falta.
Ya le dije a la cajera que el próximo día si veía las bolitas de plástico colgadas y las horrorosas guirnaldas, me iba a otro super.

Para coger el metro, paso cada día por delante de una tienda de regalos varios y hace más de un mes que tienen plantados en la entrada dos árboles de Navidad. ¡No uno, sino dos!!! Y repletos a reventar de decoración.

Hace calor, no me he puesto todavía mi abrigo nuevo, falta un mes para el día 24 de Diciembre.
También podría argumentar que las luces en las calles gastan dinero público, que son antiecológicas.
O bien que estamos inmersos en una gran crisis y que si todo esto lo hacen para nos volvamos chalados y nos pongamos a consumir como posesos, no tienen vergüenza. Aunque llegaremos a la espiral que sin consumo no se acaba la crisis, pero yo para consumir necesito dinero, díganme tiquismiquis.

Y la lotería. Gran tema. Llevo dos semanas gastando dinero en la lotería de Navidad. Se me rompe el pescuezo cuando observo las colas que se forman ante las Administraciones más famosas. ¿Saben que ahora se puede comprar por Internet? No hecho una mísera quiniela en todo el año y en Navidad me dejo enredar por cualquiera.

Hace 20 días que ya tengo el papelito guardado, sino perdido, de quien va a ser mi amigo invisible. Ya ni me acuerdo.
Tengo 3 cenas programadas.
Me han preguntado 5 veces que voy a comprar para Reyes.

Quizás cuando llegue ya el momento de estar felices, de comer como si nunca antes lo hubiéramos hecho, de ponernos gorros de Papa Noel o cuernos de alce sin sentido del ridículo alguno, quizás yo ya me habré cortado las venas.

Y me podéis llamar aguafiestas, sin corazón, huraña o como queráis, pero todo en su momento por favor que luego nos saturamos y nos cansamos enseguida.
Pero si me hacéis buscar una sola cosa positiva de las prisas de la Navidad sólo comentaría que no está mal tener ya mantecados en mi despensa.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Miércoles, otra vez.

Sí, y de nuevo sesión con mi querido confidente.
Vuelvo a sentarme el la butaca y vuelvo a hablar de mis fracasos.
Este hombre va a tener que pagarme a mí al final porque se lo debe pasar bomba escuchándome.
Y he pensado en no venir hoy, pero seguro que me hubiera preguntado la semana siguiente. Y he pensado en mentir también, en inventarme una historia con final feliz. ¿Pero de que me sirve mentirle a él? Me engaño a mi misma y desperdicio ese dinero que aun no entiendo porque continúo gastando aquí.

Bien, que más da. Supongo que lo que querrá saber es como fue mi sábado. Solo diré que volví a casa en taxi, sin bolso, con un solo zapato y a altas horas de la madrugada.
Pero empezaremos por el principio.

Confieso que aunque no me tenis mucha esperanza en aquello, una siempre tiene sus ilusiones (al menos solo por una noche) y se pone nerviosa unas horas antes de la ocasión. Confieso también que aquella tarde de preparación psicológica me fumé unos 5 cigarrillos, sí, volví a fumar. Realmente nunca lo he dejado definitivamente. Siempre tengo un paquete escondido en el armario por si acaso. No se muy bien porqué, ya que si no tuviera el paquete de por si acaso y hubiera un por si acaso…no fumaría. I tampoco se de que me sirve tenerlo escondido en el armario si yo vivo sola y se donde está. Manías que tiene una.
Bien, creí que quizá con alguien que se mueve en el mundo del glamour debía esmerarme un poquito y no ser del todo yo misma aunque muchos estén convencidos que es la mejor manera de ir por el mundo. No en una primera cita. Lo aseguro. Debes ser tu misma después de peinarte y pasarte la plancha, de depilarte al milímetro, de usar un maquillaje invisible pero que te deje la piel lisa y perfecta y si puede ser todo acompañado de unos buenos tacones y un vestido bonito. Quizá así te sientas más segura para poder ser un poco tu misma.
Pero esa noche opté más por la sencillez. No me iba a pasar todo el día pendiente de aquello. Y en una hora estuve lista.
Pasaban más de 10 minutos de la hora acordada y aun no había tocado nadie a mi puerta, pero ya se sabe con está gente. Supongo que debe ser muy in hacer esperar.
A la media hora de estar en el sofá sin saber que hacer y tiesa como un ajo para no arrugarme la ropa llaman a mi teléfono.
Le ha salido un imprevisto, tiene trabajo, última hora…bla, bla, bla….y que si me importa que nos veamos directamente en el restaurante.
Bien, le puede pasar a todos. Me doy el último vistazo en el espejo de la entrada y salgo hacía el restaurante.
Y allí media hora más de espera. El camarero, amable y simpático donde los hayan, me ofreció dos veces algún tipo de entrante, para la espera, pero me limité a mi copa de vino blanco y intentando bebérmela a pequeños sorbos para no repetir la historia d la última vez.

Y cuando mi vista se perdía en contar los hilos del mantel, apoyando la cabeza en mi mano y empezando a temerme que me tendría que ir sin cenar, apareció por fin.

Ante mí, un tipo alto y trabajado en el gimnasio. Moreno, demasiado para la época del año, trabajado en un solarium. Pelo engominado y hacia atrás, trabajado durante horas. Camisa blanca con los primeros botones abiertos mostrando los pelos renacientes de la última pasada de la cuchilla. Tejanos dos tallas menos de las necesarias que imposibilitan cualquier movimiento. Cejas…trabajadas, para no decir depiladas. Joyas y complementos muy trabajados también. Un tipo excesivamente trabajado. Excesivamente perfumado. Irreal. Surrealista.¡ A dónde hemos llegado!

— ¡Ei hola! Tu debes ser Nessa. Soy Ian. O sea, Ian, el amigo de Marc. ¿Sabes?
— Sí, se, o sea, sí, se —madre mía, no iba a aguantar toda la noche.
— Siento el retraso pero ya sabes como es este trabajo, o sea, ya me entiendes. Este mundo es muy esclavo. ¿Sabes?
— Sí, se.
— Bueno, no te he querido traer flores ni ninguna otra cosa porque de todas maneras no te conozco para saber que te pega más. ¿Sabes? Y soy un hombre moderno que cree en la liberación de la mujer, o sea, que supongo que eso de las flores ya es una cursilada.
— Sí, claro —no hay más palabras señoría.
— Este restaurante es fantástico, o sea, lo ultimo de lo último. Tenemos reserva gracias a mis contactos. Normalmente está lleno de famosos. ¿Sabes?
— Aja……

El restaurante en verdad estaba bien. Una decoración muy art-pop a lo Andy Warhool y la gente que estaba sentada en las mesas conjuntaba a la perfección con el local. Yo no.

Durante toda la cena tuve que escuchar la maravillosa vida de un representante. De lo difícil que era mantenerse. De lo fantástico que era viajar a Milán, los Ángeles, Nueva York, conocer gente famosa….mientras atendía a todas las llamadas de su móvil (y no fueron pocas).
Lo que no entendía era porqué si ese peñazo tenía una vida tan completa y repleta…necesitaba quedar con una mujer que no conocía de nada. Y así se lo pregunté.
Y su contesta fue simple y llana: No me gusta llevarme el trabajo a casa.

Dos horas de hablar de él después pedimos la cuenta para ir a tomar una copa fuera de allí. Por supuesto pensaba tomarme la bebida alcohólica con más grados rápidamente y escapar.
La cuenta…a pagar a medias. Podría ofenderme con otra de las cosas que no permiten la liberación de la mujer, claro.
El taxi al Pub de moda que Ian conocía y que estaba en el quinto cuerno…ese que valió una pasta, lo pago yo. Porque el señorito está acostumbrado a la Visa Oro y nunca lleva “cash” encima.

Entré en el Pub detrás de Ian que continuaba pegado a su Black Berry. Y en ese instante supe que hubiera sido mejor rendirme y marcharme a casa. Nada bueno podía sacar ya de eso.
Empezó a saludar a todo el mundo con besos y abrazos. Mano alzada a la izquierda, mano alzada a la derecha. Pasé por alto el hecho que me iba dejando atrás, rezagada sin presentarme a nadie. Lo seguí y lo seguí hasta que mi dignidad me dirigió a la barra para tomar mi primer Gin Tonic.
No supe mucho más de él. Iba apareciendo por momentos para contarme que era muy importante relacionarte con todo el mundo, estar siempre disponible porque nunca se sabe. ¿Sabes?

Así que cuando lo vi salir del váter por tercera vez tocándose la nariz y con dos botones de la camisa desabrochados de más, decidí que ya había tenido suficiente.

No sabía donde me encontraba exactamente, pero lejos de la civilización, seguro. Llamé a un taxi que pronosticó una media hora de espera. Y yo pronostiqué la pasta que me dejaba otra vez en el viaje. Lo que no intuí fue la moto con dos pasajeros que me estirarían el bolso, me tirarían al suelo, me romperían el tacón de mi zapato y que harían que me sintiera la persona más desgraciada de la tierra.

Al menos el taxista fue piadoso y no le importó que le gastara todos sus pañuelos de papel.

martes, 10 de noviembre de 2009

La apuesta sigue en pie.

Pues resulta que la apuesta sigue en pie. Mis dos amigos continúan con el jueguecito de quien me consigue la mejor pareja. Está clarísimo que a Laura le faltan puntos después de la última, aunque sea por mi culpa.
Y ahora le toca el turno a Marc. De este me temo lo peor.

La otra noche nos quedamos a cenar en mi casa. Una película a media tarde llevó a las cervezas y eso a una botella de vino y esa a pedir una pizza.
Estas veladas solo me demuestran que ya tenemos una edad.
Bien, aunque no os lo creáis nuestras conversaciones son interesantes y más cuando hace mella el alcohol. Podemos hablar de política, deportes, arte y cultura….pero por qué engañarnos, todos estos siempre desembocan en el SEXO. Y no me hagan exclamaciones que estoy segurísima que no somos bichos raros.
Y así entre puntos de vista, consejos y el cuestionario de rigor que siempre se le acaba haciendo al componente masculino del grupo (la experiencia es un punto) me suelta él mismo, Marc, que si estoy preparada para el segundo round. Es su turno. Había tenido la decencia de dejar la sorpresa para el final de la velada.
Me negué, pataleé, blasfemé como unos treinta minutos, pero no hay manera de que ese hombre se de por vencido.
Me juró y perjuró que su amigo no tenía nada que ver con las personas que conocía Laura y que me lo iba a pasar bien. Por su parte Laura se defendía y intentaba dejar claro que Horacio era una muy buena persona y que si la cosa no salió bien del todo no era por su culpa (eso lo tengo ya muy claro).
Así que a resueltas de la noche…tengo otra cita a ciegas con un tipo que se llama Ian (¿no conocerán gente con nombres más normalitos?) y que es representante. Según mi querido amigo es divertido, guapo y tiene mucho mundo. Eso quiere decir que yo a su lado voy a quedar como una cateta.

Ya me he vuelto a meter en otro berenjenal sin comerlo ni beberlo. Así que en dos sábados vuelvo a salir con alguien que ni tan siquiera conozco y que no me apetece nada conocer.

Se que mi madre se enterará de alguna manera. No se como lo hará ni que poderes mágicos tiene para siempre saberlo todo, pero lo hará. Y me llamará y me aconsejará y me sermoneará. Y al día siguiente a la cita querrá saber como ha ido todo y los detalles más insignificantes. Recalcará cada uno de mis errores y si la cosa es un desastre, otra vez, quizá tengo un poco de suerte y me retire la palabra durante unos días.
Todo eso es lo que más temo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Invitación de boda.

Hoy he recibido una invitación de boda. Un bonito sobre color crema envuelve un papel de buena calidad y al parecer muy caro. Me invitan a mí y a mi acompañante (ja!) a la otra punta del país, sin ningún gasto pagado y con un número de cuenta en el pie de la hoja que deja bien claro que debo hacer con eso.
He necesitado unos quince minutos en recordar claramente quien era la persona que me invitaba. Hace como cinco años que no se nada de ese tipo y supongo que no le habrá contado a su futura mujer la relación que tuvimos ya que seguramente se hubiera negado a que me invitara.
Bien. Fue un verano bonito y apasionado en la costa, seguido de unos meses de reencuentros esporádicos algún fin de semana y un contacto telefónico cada vez más débil. Y ahora me invita a su boda.

Lo que me pregunto es como tengo que rechazar esa invitación. Es decir, como se comunica tu no asistencia. No lo he sabido nunca y, sobretodo, si me apetece tanto ir como sacarme una muela del juicio…¿debo hacerle regalo?
Más de una vez he preguntado el protocolo del regalo y aun no lo tengo del todo claro.

En los últimos años he estado recibiendo algunas de estas invitaciones. Gente que ya no reconocerías ni en una rueda policial, viejos amigos, compañeros de trabajo…
Y he llegado a una conclusión: la gente se casa.
Sí, y me asombro cada vez. No acabo de acostumbrarme cuando aquella niña con dos trenzas y el moco flojo que se sentaba en el pupitre de al lado me comunica que se casa. Imaginaos cuando se trata de un ex.
Quizá me pasa porque siempre he visto el matrimonio como algo muy lejano en mí. Como algo irreal, algo que tardará tiempo en llegar.
Cuando era pequeña y jugaba con mis amigas, ellas se peleaban por ser la mujer de alguien. Yo me quedaba sola cuando escogía ser la independiente, la que vive sola y no da cuentas a nadie.
Con el tiempo ves que una cosa no tiene que ver con la otra y que todo el mundo puede cansarse de estar solo en algún momento, pero el matrimonio….uf. No.
De todas maneras, sintiéndolo mucho por mi madres, no he tenido la oportunidad ni de planteármelo.
Y rápidamente entenderéis el por qué. Enumero algunas de mis relaciones:

- El ocupa-gorrón que se instaló en mi casa, más bien en mi sofá y se comió mi comida y casi me arruina. Duró hasta que me cortaron la luz por falta de pago.
- Otra de mis conquistas fue un hombre que solo veía unas dos veces por semana y en horas contadas y controladas. Siempre apagaba el móvil y nunca se quedaba a dormir. Un mes y medio después supe que estaba casado. No me siento muy orgullosa de eso ni de lo que vino después, pero eso es tema para otro día.
- En una época rebelde me perdí por el tipo malo. Tenía moto, pantalones negros y ajustados y un cuerpo increíble. Estuvo muy bien y realmente fue muy divertido hasta que una madrugada me despertaron para que fuera a buscarlo a la cárcel y pagar su fianza.


Podría enumerar un par más que no tienen desperdicio, pero con algún ejemplo basta.

Supongo que todo el mundo se casa ilusionado y con la esperanza que será para siempre. Y yo no soy nadie para aguarles la fiesta. Así que voy a contestar a la invitación disculpándome con alguna excusa ridícula por no poder ir, deseándole toda la felicidad del mundo.
Ya me pensaré lo del regalo que eso es otro tema.

jueves, 29 de octubre de 2009

No me gusta:

- el oro brillante
- el rubio oxigenado
- los coches tuneados
- esperar
- los lunes
- la hipocresía y la falsedad
- la piel autentica
- aros para las orejas
- el café solo
- los videojuegos
- los aviones
- los perfumes fuertes
- la música reggaeton
- la falta de ideales
- las pulseras que se encadenan en el dedo corazón
- mujeres mostrando los calcetines con falda
- los entrecots
- tocar el huevo crudo
- madrugar
- la falta de respeto
- el whisky
- el desorden
- el olor a puro
- las botas camperas
- la ropa llena del logotipo de la marca
- el hígado, por muy sano que pueda ser
- las motos trucadas para hacer ruido
- los tupés (por mucho que se vuelvan a llevar)
- sudar
- los aprovechados


¿Alguna idea más?

miércoles, 28 de octubre de 2009

De creer o no creer.

—Mira Laura que dice hoy mi horóscopo —le digo a mi amiga doblando bien el periódico y dando antes de leer otro sorbo de café— Ascenso en tu trabajo que provocará un aumento en tu economía y por fin podrás darte ese capricho que tanto quieres. Tu pareja esta semana te dejará bien claro como te ama con alguna sorpresa romántica.
—No se como te puedes creer esas cosas —me sermonea sin levantar los ojos de su revista “Mente y salud”.
—A partir de hoy ya no. Creo que los voy a denunciar por darme falsas esperanzas.
—Tú siempre crees en falsas esperanzas.

Cada uno cree en lo que puede. Hay gente que tiene una fe ciega en su dios, otros creen en la fuerza y en la energía, otros en el destino y las señales, en los ovnis, en los espíritus, en las constelaciones…y luego están en los que no creen en nada y encima alardean de ello.

Y entre todo ello está mi portero. Un hombre que cree en todo y en nada al mismo tiempo. Él simplemente se empecina en buscar las casualidades de la vida que el quiere pensar que son uniones intrínsecas del universo que significan algo más importante de lo que jamás lograremos comprender.
Cuando habla contigo te sonsaca información que acaba relacionando de un modo forzado con cualquier cosa que esté a su alrededor. Si le dices que tu signo del zodiaco es Libra, él te dirá que su tía es Libra y que mira que casualidad que su nombre empieza igual que el mío y que seguro que yo tengo mal la circulación como ella.
Si le dices que naciste un día 10 el te dirá que el nació el 15 que solo se diferencia por el numero cinco que multiplicado por dos son los años que nos llevamos. Y si le dices que tu madre nació en un pequeño pueblo del sur, el inocente te explica que su madre pasó por ese mismo pueblo exactamente 20 años justos después que naciera ella.
Otras veces me ha visto vestida de un color que el había pensado ponerse también por la mañana pero que cambió de opinión en el último momento para intentar crear un karma distinto. Se lee el horóscopo cada día antes de hacer los crucigramas. Va a misa los domingos. Hace yoga los miércoles y toma flores de Bach para la calma interior. De vez en cuando hace que le lean las cartas y le limpien la casa de malos espíritus. Si abres el paraguas antes de haber puesto el pie en la calle se santigua y te grita que no vuelva a hacerlo y cuando está barriendo el portal se te advierte que no pases cerca para que no te barra los pies.

—¿Y que pasa si me barres los pies , Andrés?
—Pues que no te casas y si estás casada no te quiere la suegra y si la suegra está muerta seguro que algo malo pasará.

Sí, seguro que algo malo o bueno entre que naces y mueres pasará.
Pero él es feliz con sus creencias y quizás le haga la vida más fácil, quizás esa sea su manera de pasar los días inciertos.
Yo he perdido mucho de todo (fe, creencias, inocencia) por el camino y a veces lo hecho en falta.

viernes, 23 de octubre de 2009

Por fin buenas noticias.

http://es.noticias.yahoo.com/5/20091022/tes-los-polifenoles-hacen-que-el-chocola-c5455be.html

Otro Miércoles (Oscuridad)

—Aveces tengo un sueño donde no puedo ver.
Me encuentro durmiendo y me despierto de repente abriendo los ojos de golpe como cuando te das cuenta que algo malo está pasando.
La habitación está oscura, oscura completamente. Ni siquiera la poca luz que normalmente entra por las rendijas de la persiana puede verse hoy.
Debe ser aún noche cerrada, pienso intentando recuperar la serenidad.
Algo me ha sobresaltado y ha hecho que me despertase bruscamente, pero aún no se que es.
Muevo los ojos alrededor de la habitación. Debo de estar muy dormida todavía porque no acabo de situarme, es como si por un momento no supieras donde te encuentras realmente, cómo has llegado ahí...y eso me turba.
me quedo quieta un momento boca arriba para que mi mente y mi pulso se aplaquen .
Se que algo no va bien.
Necesito ver con claridad, percibir cada cosa en su lugar exacto, quizás así logre volverme a dormir.
Decido abrir la luz. No tengo que moverme mucho, sólo alargar el brazo ya que la lamparita está justo a la izquierda de mi cama. Le doy al interruptor pero todo queda igual de negro. Vuelvo a intentarlo.
Oscuridad.
Caigo en que las cosas se estropean aveces, que eso puede ser normal. Un mal contacto o me la dejé desenchufada. Le doy al interruptor una y otra vez, movimientos rápidos, pero en mi fuero interno tengo miedo.
Así que por fin decido levantarme y encender la luz del techo. El interruptor está al lado de la puerta y llego a él palpando la pared y los muebles.
Cuando le doy al interruptor nada entra por mis ojos. Nada. Ni mi cama, ni el armario, ni mis estanterías repletas de libros....
Retengo un grito dentro de la garganta. No perdamos la calma. Quizás se fue la luz. Vuelvo a mi sitio de origen palpando de nuevo pero con más prisa que antes. Ha llegado el momento de levantar esa persiana, de abrir la ventana y quedar salvada ya por fin.
Se oye el ruido de la persiana enroscandose, se oye el gruñido de las puertas al abrirse, pero aún así todo permanece oscuro.

—Vaya, interesante —me dice mi psicólogo que está sentado en su silla de siempre pero con el cuerpo ligeramente hacia delante, como si le interesara por fin lo que digo.
—He tenido ese sueño varias veces. ¿Cree que significa algo?
—Seguro. Todo sueño tiene un porqué.
—¿Y bien?
—La verdad....no tengo ni idea.

jueves, 15 de octubre de 2009

Después de publicidad

Una mujer (¿porqué siempre una mujer?) se desespera ante la camiseta de su hijo porque no puede hacer desaparecer las manchas de chocolate, hierba y barro (quizás si lo educáramos mejor no nos veríamos en este apuro). Habla sola y maldice su detergente. De repente una mujer alegre y risueña aparece a su lado por arte de magia trayendo con ella el jabón que va a cambiarle la vida.

No entiendo este anuncio. Una mujer haciendo la colada y ni se inmuta cuando una extraña le invade su casa para contarle que se ha equivocado de detergente. La otra no se lo toma mal del todo sino que sigue su consejo, pone una nueva lavadora, le hace café a su nueva amiga y esperan a que centrifugue la máquina mientras le cuenta la crisis sexual que últimamente tiene con su marido.
Increíble.

Marc permanece sentado a mi lado en el sofá de dos plazas y es que no me cabe ninguno más grande en mi mísero salón.
Hemos desparramado todas las bolsas de patatas y chocolates que he comprado en el super y he guardado la fruta donde debe estar, en el frutero.
Le da el primer trago a su segunda cerveza y cambia de canal.
Cuando Marc está en casa se hace con el poder de la tele y juro que luché, pero me he rendido en esta guerra.
Aparece un anuncio de patatas. Unos chicos llenos de juventud y de hormonas indomables se ríen y comen patatas como si fuera lo mejor que van a hacer en la vida.

—¿Te has fijado en esas bolsas de patatas? Están perfectamente planchadas, abiertas sin la mínima violencia y llenas a reventar. Ahora mira nuestras bolsas. Acabas de pagar por una bolsa sucia llena de aire.

Es fácil mantener una conversación con Marc. Es fácil mantenerte en silencio sin que eso sea molesto para nada. Son demasiados años ya. No necesitamos palabras forzadas, conversaciones absurdas….simplemente estamos.

—¿Te conté lo qué me pasó el otro día? ¡Tan surrealista!
Marc, a ti te pasan cosas surrealistas cada día. Esa palabra pierde su significado contigo.
—Esto es muy fuerte. Escucha. El pasado sábado estaba en casa de una chica, ya me entiendes, metidos en su cama.
—Por favor, no me des detalles.
—Espera que esto te va a gustar. A medianoche me levanto para ir al baño y beber agua. Bien, pues cuando estoy en la cocina aparece la compañera de piso en ropa interior.
—¿Y eso es malo?
—¡Nessa, se me tiró encima! Empezó a insinuarse, a intentar besarme y a decirme cosas que no voy a repetir delante de una señorita.
—No te cortes. Sigue. ¿Tu que hiciste?
—¿Pues que quieres que hiciera? Intenté quitármela de encima. ¡Mi ligué estaba en la habitación de al lado!
—No creo que eso le importara mucho a ella. Quizás tengan un acuerdo y compartan algo más que el alquiler. Me extraña que aun te sorprendan estas cosas. Podrías escribir un libro con tus aventuras.
—Pues fue un momento delicado. Yo estaba desnudo y por tanto en desventaja.

Le damos un largo trago a nuestras cervezas y Marc intenta encontrar alguna cosa en la tele que merezca nuestro interés.
Una niña de unos 14 años aparece en bañador con una piel tersa y suave y me cuenta, mirándome a los ojos, que yo puedo ser como ella si uso esa crema anticelulítica numero 1 en ventas. Lo que no puede entender esa niña es que para ella también va a pasar el tiempo y no va a ser una adolescente para el resto de su vida.

miércoles, 14 de octubre de 2009

De camino...

A veces me gusta volver andando del trabajo a casa. Hay días que necesito respirar, si es que se puede respirar en una ciudad llena de CO2.
Ando con la vista y la mente perdida, de una forma automática donde mis instintos me guían sin que yo tenga que prestar atención.
La gente te pasa por el lado, casi rozándote los brazos, con su rumbo fijo y sin observar lo que ocurre alrededor. Y cada uno de nosotros con sus pensamientos, con sus recuerdos, con sus sueños y esperanzas…
Me estoy poniendo demasiado trascendental.

En realidad me da por pensar en el día, en todas las horas derrochadas en algo insignificante y que no me va a llevar a ninguna parte, que no va a cambiar el mundo de ninguna mínima manera. Simplemente nada que haga correr las horas sin que te des cuenta y sin decepciones, como cuando estás a gusto.
Y pienso en lo que me he convertido y en lo que soñaba ser.
Pienso en lo claro que lo tenía todo cundo creía tener toda la vida por delante, lo llena de ilusiones que estaba.
El tiempo pasa muy rápido y llego a una edad difícil donde se supone que debes tenerlo todo claro, donde no se te permite el error de ser inocente, de soñar, de continuar teniendo tu mundo feliz…
Siempre te dicen “¡Por Dios Nessa, que tienes 30 años!” y eso se supone que debe funcionar, que debe volverte razonable. Es complicado en mi caso.
Hace un tiempo, no tanto, sabía perfectamente quien quería ser. Lo tenía todo planeado.
Y aquí estoy hoy, andando entre las calles que se abren a mi paso, pero que no me llevan demasiado lejos y me da demasiado miedo recordar ese pasado porque me doy cuenta que nada es como esperé.
Así que entro en el supermercado de camino a mi refugio y lleno una bolsa de colesterol y futura celulitis a parte de alguna que otra fruta para engañar a mi culpabilidad.
Continúo andando con mi chocolate en una mano y mi victimismo en la otra y me cruzo con una mujer que se tira de los pelos para poder dominar a los dos hijos que arrastra hacia el coche. La niña se pelea con su hermano por defender la honra de su Barbie que esté en peligro de ser decapitada como se descuide. En la mochila que lleva en la espalda asoma la cabeza de Kent, ese hombre perfecto.
¡Como ha cambiado mi idea de ese hombre al largo de los años!

Llegando ya al portal de mi casa vislumbro la figura de un hombre sentado en el primer peldaño. Aunque ya es adulto por su semblante, su pose y la sonrisa que me dedica se podría decir que no es mucho mayor que un niño de 12 años. Marc me espera envuelto en su aureola de frescura con la camisa por fuera del pantalón, con el pelo revuelto y con su mirada picarona.

—Llegas tarde. Llevo más de veinte minutos esperándote.

Y entonces entiendo que quizás no esté todo perdido.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Una pobre diabla

A veces la realidad da demasiado miedo. Es más fácil vivir soñando.
He llegado a los malditos 30 siendo tan soñadora como cuando era niña lo que pasa es que guardo esa parte de mí muy adentro y no permito que salga a la luz pública. Me obligo a parecer realista y a veces hasta demasiado aguafiestas cuando en realidad lo que hago es negarme a crecer hasta que cada una de mis esperanzas se hagan realidad.
Esto puede comportar algún que otro problema. Y si no que se lo pregunten a los que me soportan cada día.
Me acabo de leer un libro que me ha trastocado, en el buen sentido de la palabra, o quizá no.
He absorbido cada página, cada línea, cada palabra y me han hecho reconocer lo que realmente soy: una soñadora sin solución.
Cuando llevas eso muy dentro de ti, solo necesitas una pequeña ayuda para que la fiera se despierte y entonces puede ser complicarlo dominarla.
He suspirado por los rincones, he idealizado el amor, he deseado y envidiado…..y tengo que confesar que no me avergüenzo.
¿Qué hay de malo en tener esperanzas? ¿En creer que realmente hay algo que me pertenece y que aún no se que es? ¿En tener fe a algo tan fuerte?

He decidido no esconderme más. Voy a defenderme ante todo el mundo y voy a luchar por esa magia romántica y enfermiza a la vez.

No me escondo y reconozco que no va a ser fácil.
Tengan piedad de esta alma que no le ha tocado el mejor mundo para ser así.

¿Pero sabéis qué? Cuando leí la última frase de ese libro y lo cerré me planté al mundo con una sonrisa picarona y me sentí bien conmigo misma.

viernes, 2 de octubre de 2009

Otra sesión de miércoles.

Cuando me estiré en el diván sabía perfectamente de que iba a hablar ese día y no tenía ningunas ganas de sacar el tema. A parte de que tenía una laguna negra en mi cabeza a consecuencia de una botella y media de vino que no me permitía acordarme de todo con nitidez.
Pero como no tengo otra cosa que decir, mejor eso que desperdiciar una hora de sesión.

Mi psicólogo, entre una sonrisa irónica y mirada de curiosidad, me intentó leer mi expresión.

—Por tu cara veo que no ha ido muy bien. ¿No?

Y la verdad era que no. No fue bien y yo ya me lo esperaba.
Qué se puede esperar de una cita de estas que te busca una amiga. O quizá sea yo, quizá ya no sea capaz de mantener ningún tipo de relación con una persona normal, o de ninguna clase.

Cuando le abrí la puerta de mi casa aquel sábado supe de antemano que la situación estaba complicada.
Tenía ante mí a un tipo vestido con pantalones de lana i una americana de cuadros marrones. Pero lo que casi hace que me atragante con mi propio grito retenido fue cuando veo que lleva corbata.
¿Quién lleva corbata hoy en día para salir una noche a cenar? Todas esas especies en extinción las conoce mi queridísima amiga y Celestina.
Llevaba el pelo peinado con la raya en medio y con un efecto mojado que me recordó a Cary Grant, pero sin ser él, por supuesto.
Y detrás de unas gafas con cristales de culo de botella se escondían unos ojos pequeños y tímidos que no paraban de moverse alrededor de mí.
La primera sensación fue salir corriendo, pero como persona educada y por miedo a las reprimendas de Laura, cogí aire y me presenté con dos besos, como Dios manda.
Él me tendió una maceta con unas flores pequeñas y de color indescriptible informándome que eran buenas para ahuyentar insectos.
Supongo que podría habérmelo tomado por algo muy original sustituir el ramo de rosas por una maceta pero en ese momento no podía pensar en nada más que en que se acabara aquella noche.

Una vez en el restaurante fue difícil romper el hielo. Después de 25 minutos, y comprobar que no ponía mucho de su parte, no tenía nada más que decir así que empecé por pedir mi primera botella de vino.
Y tuve que bebérmela entera yo solita ya que volvió a sorprenderme cuando pidió un agua con gas para él.

—Yo nunca bebo —me dijo mirando mi copa y con tono acusador.

Mi padre me dijo una vez que mejor no fiarse de la gente que no bebe.
Durante el segundo plato encontré el tema perfecto para que él hablara sin necesitar de mí y yo podía ir bebiendo sin apenas escucharle.
Me contó que en la revista llevaba el tema de las enfermedades y alergias y maneras naturales para combatirlas o remediarlas.
Me regaló unas primeras clases de la nocividad de muchos componentes y conservantes de casi un 70% ciento de los alimentos.

Bien. Ya en los postres, acompañaba mi tiramisú con la tercera copa de la segunda botella de vino que no compartí con nadie.

Entonces empezó todo. Mi cabeza rodaba por el restaurante, mi visión era borrosa, no atinaba en meter la cuchara en la boca y no era capaz de hablar sin tartamudear o reírme de mi misma sin lógica alguna.
El tiramisú, que tampoco era ninguna maravilla, bailaba jotas en mi estomago y el hombre sentado ante mi se dio cuenta de todo.
Intenté ir al baño de una forma digna y sin tropezar con mis tacones de diez centímetros que me ponía en poquísimas ocasiones. Ni el agua helada que me bañó la cara y la mitad del cuerpo consiguió ayudarme.
Un sudor frío me resbalaba por la espalda, más que por la borrachera en sí por el miedo a perder la razón en cualquier momento.
Volví a la mesa con una mínima sonrisa que intentaba disimular mi estado y disculparlo, pero mis reflejos dejaban mucho que desear cuando se bañaban en alcohol, así que me senté demasiado al filo de la silla y caí de culo al suelo arrastrando una parte del mantel conmigo y rompiendo una copa de cristal.
Mi nuevo amigo, rojo por la vergüenza ajena, se levanto de repente y alzándome por un brazo pidió la cuenta.

Supongo que puedo estar contenta que al menos me acompañara a casa, después de todo. O eso creo, ya que me desperté en mi sofá sana y salva pero con un gran dolor de cabeza y unos martilleos en mi cerebro que hacían que no soportara ni mi propia respiración. Me pasé todo el domingo en el sofá, estirada mirando el techo sin valor para moverme porque sabía que en cualquier momento mi estomago renunciaría a todo. Mi único alimento 2 litros de agua, 2 ibuprofenos y toda la culpa y la vergüenza del mundo.

Dejé sonar el teléfono demasiadas veces hasta que mi cabeza ya no lo soportó más.

—¿Siiiii? —no creo que mi voz pueda llegar al otro lado.
—¿Vida? ¿Estás ahí?
—Siiiii
—¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
—Siiiii
—¿Cómo fue ayer?
—Si, emmmm…
—¡Por Dios! ¡Dime algo!
—Emmm…mamá…..
—¿Es guapo? ¿Tiene dinero? ¿¡Cómo es?!
—Mamá, es que ahora no puedo…
—¿Está ahí contigo ahora?
—No mamá….

Mientras intentaba mantener una mínima conversación con mi madre estiraba el cable del teléfono deseando que fuera lo suficientemente largo para llegar a la taza del wáter.

—¿Pero se puede saber qué te pasa?
—Mamá, no me encuentro muy bien y…
—No te habrás emborrachado. ¿No?
—Noooooo. Pero como puedes….

El cable estaba dando bastante de si y yo cada vez estaba más cerca de la taza.

—Entonces fue bien. ¿Lo conoceré?
—Ui, mamá, creo que corres mucho…
—Vale, ya entiendo. La has jodido otra vez. Y ahora mismo tienes una resaca que no te la aguantas.
—¡Nooo!

Me encontraba, por fin, ante la taza y tenía que colgar el teléfono como fuera.

—Nessa, eres un desastre. No puede ser que…

Pero yo ya no escuchaba nada. Así que colgué a mi madre sabiendo que eso iba en mi contra y permanecí más de media hora sentada en el frío suelo de mi baño con la cabeza metida en blanco mármol de la taza.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Cuestión de fe

Creo en ti, en mí,
Creo en una mirada,
en una mano extendida,
Creo en un suspiro lleno de melancolía.
Creo en los soñadores y en sus sueños imposibles.
Creo en una canción que marca ese momento,
Creo en la lluvia que se siente en el cuerpo.
Creo en la sonrisa
y en el llanto sincero,
Creo en ese dolor hondo de mi pecho.
Creo en las noches sin dormir,
en las lunas llenas,
Creo en el sol cuando se pone y cuando se despierta.
Creo en el sonido del viento cuando dice tu nombre,
Creo en un futuro sin miedo
y un pasado sin rencores.
Creo en la amistad eterna,
creo en dar la vida si la dicha es buena.
Creo en los que creen,
en los que pacientes esperan.
Creo que este mundo quizá valga la pena.

martes, 22 de septiembre de 2009

Cita previa

Y el sábado fue mi “esperada” cita.
Supe que la cosa no iba a ir bien ya que cuando me levanté me encontré un grano del tamaño de un guisante en la paletilla derecha de la nariz. No puedo permitirme ponerme nerviosa. Cuando me pongo nerviosa borbotean fístulas de mi piel.
Así que pensé que tal vez el pobre chico saldría corriendo al verme escondida detrás de ese volcán y que ya no tendría que preocuparme de nada, pero por si acaso debía ponerme manos a la obra.
Me tenía que duchar, secar mi melena, depilarme, buscar algo decente que ponerme…y…solo tenía 12 horas!!!!

De repente empecé a encontrarme mal. Me miré en el espejo y estaba blanca, amarilla más bien y con unas ganas de vomitar terribles. Perfecto. Parecía la novia cadáver i tenia un grano en la nariz. Ese iba a ser un gran día.
Si en esos momentos llego a tener a Laura ante mí creo que la hubiera metido en la bañera con el secador enchufado.

Me miro en el espejo y pienso en como actuar y que decir. ¿Debo parecer sexi? ¿Sencilla? ¿Tímida? ¿Qué demonios se lleva ahora?
En resumen, debo ser otra persona, al menos de momento.

¿Como se intenta conquistar a una persona que no se conoce de nada? Mejor preguntar si realmente quiero conquistar a esa persona.
No entendía cómo me había metido en eso. ¿Una cita a ciegas? Como si ahora estuviéramos en una típica serie americana. Siempre he salido con chicos que empezaron siendo amigos míos, que ya conocían mis modales en la mesa. Darte a conocer des de el principio me da demasiada pereza. Preguntar sobre la vida de la otra persona como si realmente te interesara. ¡Uf!



Después de comer empecé a depilarme. Primero tuve que hacerme a la idea y prepararme psicológicamente. No era un trabajo fácil. Cuando te acomodas en el frío invierno y cuando no es muy necesario mostrarte al mundo ligera de ropa, se acumula el trabajo.
No sé por que me tomé tantas molestias. ¿Qué pensaba hacer? ¿Recibirle en bikini? Pero nunca se sabe. Imanáis que en el restaurante me atraganto con un trozo de carne o me intoxico con alguna salsa. Me deben llevar al hospital y por consiguiente quitarme la ropa. Siempre bien preparada.
Así que a conciencia me puse cera y arranqué cera y cuando estaba en el momento más delicado del ritual, el bigote, llamaron al teléfono.

—Hola vida.
—Hola mamá.
—¿No tienes nada que decirme?
—No
—¿Nada?
Emmm….pues no.
—¡Nessa no seas mentirosa con tu madre! Me he encontrado a Marc en el la tienda de su madre y me lo ha contado todo.
—¿Qué te ha contado qué?
—¡Jesús! ¡Vas a matarme un día de estos! Pues que se que tienes una cita de esas. ¡Qué romántico!

Debo recordar que en la bañera junto a Laura y el secador tengo que meter a Marc.

—Mamá, no te emociones aun. No se nada de esa persona y quizá esté en casa a los 5 minutos.
Ai, vida. Nunca se sabe. No seas tan sosa y da una oportunidad al pobrecillo. Tu ponte guapa y arréglate la cara. Ponte un poquito de maquillaje por favor. Y se amable.
—Si mamá. Y ahora te dejo que me has pillado depilándome.
—¿Depilándote?¿Por qué? Bien, es igual, no me cuentes nada.
—Por Dios. Mamá te dejo. Un beso
—Llámame.
—Si mamá
—Adiós vida. Y buena suerte!

¿Qué habré hecho yo para merecer todo esto?
Me fumé medio paquete de Marlboro durante la tarde, limpiándome los dientes después de cada uno. Ya sabes, por si me ahogaba con la carne y el boca a boca y todo eso….

El mundo se me vino abajo cuando abrí el armario y solo encontré algunos tejanos viejos y ropa para ir a trabajar. No tenía nada bonito, ningún vestido de noche o camisa que no pareciera que iba a una boda o de esas que te compras par aun Fin de Año y que no vuelves a ponerte nunca más porqué es imposible andar con ello puesto. No puedo ponerme un traje de los que uso para ir a la oficina. Y no se si unos tejanos será demasiado poco. ¿Poco qué?
Me senté en la cama repleta de ropa y miré el techo esperando que mi Ada Madrina apareciese y me trajera el vestido perfecto para parecer sencilla, no demasiado arreglada pero perfecta. Nunca apareció, así que al mirar el reloj supe que tenía 20 minutos para acabar con el problema.
Un vestido negro siempre te saca del apuro pero no si el vestido es de hace 3 años cuando pesabas 8 kilos menos. Aun así si no como demasiado y no me quito el abrigo…no estaba tan mal.
Medio bote de corrector pudo disimular, a medias, el grano de la nariz pero pensé que si en algún momento me ponía sudar o llovía….los chorretones iban a caer por mi cara de un color naranja sospechoso.
Y bien, no había mucho más que hacer. No se podía hacer mucho más. Era demasiado tarde y solo tuve tiempo de un último vistazo en el espejo cundo sonó la puerta.

Empecé a temblar. Las ganas de vomitar volvieron. Mi estomago sonaba tan fuerte que podía cruzar los tabiques de mi casa y llegar al comedor de los vecinos por encima del sonido de la TV.
No me podía permitir sudar así que hice algunas respiraciones profundas para intentar tranquilizarme.
El timbre sonó de nuevo.
¿Y si no abría? ¿Y si apaga las luces y dejo que se vaya?
El problema será tener que escuchar a Laura el resto de mi vida y no creo que pueda soportarlo.
Un día entero de preparación. Todo un día. Así que me llené de valor y me dirigí a la puerta. Con la mano en el ya en el picaporte respiro profundamente, alzo la cabeza, meto barriga y apreto el culo.
Y entonces, por fin, abrí.


¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ahhhhhh!!!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Dios mío!!!!!!!!!!!!!!!!

jueves, 17 de septiembre de 2009

Tarde de lectura

Hubo una vez en un lugar lejano, una casa en medio del bosque donde vivía una chica con su madre.
Ella ayudaba a su madre en todo lo que podía: fregaba, recogía fruta, cuidaba el huerto, cocinaba…
Aun así, la madre nunca estaba contenta y siempre tenía alguna crítica a hacer y ella, por no discutir, obedecía ciegamente.
Y todo su esfuerzo nunca fue suficiente para su madre.
Y pasaron los años y allí seguía soñando en desaparecer algún día, irse lejos para cometer errores, para vivir su propia vida y sobretodo para no tener que llevar más esa maldita capucha roja que su madre le cosió cuando niña.
Una mañana su madre la llamó temprano para decirle que tenía que ir a casa de su tía a llevarle un poco de sopa porque tenía la gripe.
Antes de irse la advirtió, como siempre hacía, que vigilará con los lobos del bosque que podía encontrarse por el camino.
Le contó que pueden parecer amables y caballeros al principio pero que en realidad son peligrosos y que acaban aprovechándose de las jovencitas inocentes.

—Yo también he sido joven y alguna vez he podido caer bajo sus encantos. Pero hija, hazme caso cuando te digo que no te conviene.

Así que se fue adentrándose en el bosque y murmurando para ella que ya estaba harta de que le dijeran siempre que y como tenía que hacer las cosas.
Y deseó encontrarse con un lobo para llevar la contraria a su madre.

Y así fue como en medio del camino un hermoso lobo de pelo en pecho y ojos salvajes se le apareció, con andares chulascos y sonrisa picarona.

—Hola guapa. ¿A dónde vas?

Y Caperucita, sucumbiendo a sus encantos, le sonrió y mientras pensaba que en verdad no parecía tan malo le contó a donde se dirigía.

—Pues hazme caso y vete por el otro camino de la alameda que ya verás como acortas y vas a disfrutar del paisaje. Y encima puedes pillar unas flores.
A ver si te veo otro día por aquí.

Y Caperucita le creyó y cogió flores y disfrutó de las vistas y sonreía para sí de placer al imaginar la cara de su madre cuando le contará que había conocido a un amable lobo.

Mientras tanto en casa de su tía, un lobo llamaba a la puerta.

Cuando Caperucita llegó por fin a casa de su tía, la encontró en la cama desnuda y esposada al cabezal en una casa despojada de todo lo de valor.
La avergonzada mujer le explicó como un atractivo lobo la había seducido con palabras y piropos. Cuan bueno había sido el sexo con él y como le había robado luego en sus narices.

Vino la policía, los vecinos chafarderos, etc…pero esa es ya otra historia.

Pero a nuestra protagonista de la capucha roja, lo que más rabia le hacía de todo esto era que al fina su madre tenía razón. Y eso no lo soportaba.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Celestina

No vayáis nunca a comprar al Supermercado cuando tengáis hambre o en mi caso, cuando sales de trabajar y has tenido un día de perros.
En el día de hoy he ingerido un mínimo de 4.000 calorías.
Mi intención era, de camino a casa, comprar fruta y pasta de dientes. Cuando he llegado a la caja llevaba una bolsa de patatas al vinagre, una caja de galletas de chocolate, una tableta de chocolate con avellanas, pasta de dientes, leche, una botella de vino (por si a caso, nunca se sabe) y 4 manzanas que pretenden ser merienda y desayuno mañana (ja!).

Al llegar a casa, aun no me sentía culpable del todo así que me he quitado los zapatos, he saludado a mi gato y me he estirado en el sofá y he abierto la bolsa de patatas.
En la tele me aparece una mujer de unos 80 años de edad y con cara de cera que presume de su nuevo ligue, un playboy de 25 añitos que se dedica a salir desnudo en revistas y que juran que es amor verdadero.
Tan absorta estaba en la historia que cuando ha sonado el timbre de la puerta he saltado del sofá.

En la puerta me encuentro a Laura que entra decidida, apaga la tele y se planta ante mí con una sonrisa.

—¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?
—Abre un par de cervezas y te lo cuento.
—No, yo no bebo cerveza.
—¿Qué no bebes cerveza? Pero si siempre te ha encantado.
—Es que engorda mucho y hoy empiezo el régimen. Me paso al vino.
—Emmm…ya. Haré como que no veo la bolsa de patatas en la mesa. Empiezas regimenes dos veces por semana. Bien, pues abre una botella de vino, aunque te tengo que decir que ahora se ha probado que la cerveza es buena para la salud y que no engorda en su justa medida.
—Vale, ve a por dos cervezas.

Cuando se pone así es mejor no llevarle la contraria. Bien, intrigada espero a que mi amiga venga de la cocina con las latas de la saludable cebada.

—Muy bien —me dice mi amiga emocionada— el sábado has quedado con un chico.
—¡¿Qué?! ¿De qué me estás hablando?
—El sábado a las 9 te pasará a buscar por casa y te llevará a cenar.
—¿Pero que dices? ¿Le has dado mi dirección a un desconocido? ¡Podría estar loco, o ser un psicópata!
—No está loco. Es un compañero de trabajo. Trabaja en la revista y es muy simpático.
—Ya. Has dicho que es simpático. Mala cosa. Es un callo ¿No?
—¡No es un callo! Es….del montón.
—Dios mío. Es un callo y trabaja en una revista femenina.
—Es muy listo, e inteligente, amable y trabajador. I el sábado vas a salir con él.
—No, no voy a hacerlo.

Le doy el último largo trago a mi lata de cerveza y voy a por otra lata a la nevera. Qué más da.

—A demás, el sábado no puedo.
—Sí que puedes. No tienes nada que hacer.
—Pero…¿porqué me hacéis esto? Yo no os he pedido que me busquéis a nadie.
—Lo sé, pero somos tus amigos y velamos por ti sin necesidad de que lo pidas. Eso y que me he jugado 50 € con Marc a que soy yo quien te presenta al mejor tío.
—Muy bonito. Apostando a mi costa.
—Tu ponte guapa y se tu misma.

¿Yo misma? Si claro. No conozco a ninguna mujer que haya ligado una noche siendo ella misma y vistiéndose como ella misma.

—Bien, me tengo que ir —Laura se dirige hacia la puerta mientras que yo la persigo con una mezcla de terror y asombro.
—No, no te puedes ir y dejarme con este marrón. Dime al menos como se llama.
—Horacio. Se llama Horacio.
—¿Horacio? Dios mío Laura. ¿Pero qué te he hecho yo? Cada vez que le llame por su nombre me echaré a reír.
—Te acostumbrarás. Ya te llamaré.

Y dándome un beso fugaz cierra la puerta dejándome de pie y con una cita a ciegas para el sábado con un tipo que se llama Horacio y que no se nada más sobre él.

Así que…ya os contaré.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La excepción

Que los hombres y las mujeres son diferentes ya lo sabíamos.
Que nunca se llegará a comprender realmente el uno al otro no es ningún secreto ya que es uno de los misterios, junto quien fue Jack el destripador y quien mató a Kennedy, más reconocidos en el mundo…y a la par más estudiado. Miles de artículos, tesis, opiniones, libros o páginas en revistas se han llenado con esta excusa. ¿Y para qué? Si siempre llegamos a la misma conclusión: somos diferentes y punto.
Y que queréis que os diga… ¡MENOS MAL!
¿Se imaginan ponerse siempre de acuerdo en todo? Qué aburrido sería y cuanta chispa le quitaría a todo.
Se habla de la simpleza de ellos y de lo rebuscadas que podemos llegar a ser nosotras. Las malas lenguas cuentan que los hombres solo piensan en sexo (a todos nos ha llegado el típico power point con el dibujo del cerebro del hombre) mientras que nosotras presumimos de poder hacer varias cosas a la vez.
La sensibilidad…de la mujer. La fuerza física…para el hombre.
¡Qué manera de encasillar a la gente, Dios mío!

Mirad, ayer estuve mirando una película que me hizo pensar en todo esto y que me sirve hoy para rellenar espacio.
En realidad no era una película de esas que persiste en la historia ni falta que hace. Es un guión divertido para hacer una comedia americana que de vez en cuando te apetece tragarte con palomitas.
Bien, pues en ella se relatan diferentes puntos de vista de parejas y de relaciones entre hombres y mujeres. Pero para mí, la mejor sin duda la chica que no pierde nunca la esperanza. Le han dado calabazas, le han engañado, plantado y muchísimas veces ha tenido citas (muy americano esto) que creía que habían ido bien y nunca recibió segunda llamada. Y ella se aferra a ese teléfono, mirando que aun haya línea o pendiente del contestador. Pensando en si debería ser ella la que tiene que llamar. Diseccionando cada palabra que él le dijo y analizando cada detalle. Creyendo en las señales. Y no le importa hacer el ridículo o rebajarse.
Hasta que un amigo le cuenta que si un hombre no la llama es que no quiere saber nada de ella. Si realmente quiere lo hará. Así de fácil. Si un hombre ha conseguido acostarse contigo y luego te dice que se va de viaje y va estar tiempo fuera...mala señal. Que es así de simple y sencillo. No hay más.
Y si alguna vez oye hablar de parejas que se encontraron y 30 años después siguen juntas y amándose, si te dicen que un tipo enamorado cruzó el océano para pedirle a una mujer que se casará con él…entonces esa será la excepción, porque todas las demás relaciones son “la regla”.
Aun así ella escoge seguir con sus ilusiones y esperanzas, y no quisiera revelar el final, pero solo os diré que ella acaba siendo “la excepción” de alguien.
¿Qué os esperabais de una comedia?

Y aunque creamos que hay unas reglas interpuestas y no escritas, aunque siempre lleguemos a mismas conclusiones y a los mismos tópicos, creo que en no saber realmente como va a acabar la cosa está lo más divertido.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Sesión de miércoles

El miércoles fui a sesión.
Estuve todo el día pensando que podía contarle que fuera un poco original o que al menos fuera merecedor de mención, por la pasta que pago.
Aún no he llegado a inventarme nada solo para que el psicólogo no se aburra, pero todo llegará. Una vez que te tumbas en aquel sofá tan cómodo pues todo sale solo.

Le conté que mis amigos están haciendo una lista de “posibles hombres perfectos” para mí y se van a dedicar a prepararme citas a ciegas, sordas y mudas.

Le conté la poca gracia que eso me hace.

Le conté que el fin de semana estuve comiendo en casa de mis padres.
Y creo que eso le llamó la atención porque me interrumpió y eso es bastante inusual.

—¿Y qué tal la comida?
—Uf! ¿Pues como debería ir una comida donde mi madre se empeña en provocarnos a todos una indigestión? Con un poco de paciencia, aprendiendo a llegar tarde y siendo la primera que se va, todo se soporta.
Si llego tarde no paso por el suplicio de tener que ayudarla en la cocina y aguantar el tercer grado, sus recetas y las ganas que pone en demostrarme que soy una completa inútil.
Cuando me abrió mi padre ya me avisó que ese día no estaba del todo fina, y con su mirada me prevenía: si eres valiente pasa, pero si eres inteligente gírate y corre ahora que aún no es demasiado tarde.
Me explicó que Sara también venía a comer y entonces lo entendí todo.
No hace muchos meses que mi hermana nos presentó a Olga, su nueva pareja. Mi hermana ha descubierto que antes que volver a aguantar a otro hombre prefiere tirarse por una ventana y mi madre no puede con ello. No acaba de aceptar que no va a poder enseñar a sus amigas las fotos de la boda de su hija pequeña vestida de blanco y del brazo de un abogado, arquitecto o algo aburrido por el estilo.

Me acuerdo de las Navidades pasadas donde mi madre meditó un plan e invito a la cena de la familia al ex de mi hermana. Carlos y Sara estuvieron muchísimos años juntos, tantos que perdí la cuenta. Se conocían desde pequeños ya que los padres de ambos son amigos desde siempre.
Sara se quedó blanca cuando lo descubrió sentado a la mesa, Olga se ganó el cielo y a mi padre y a mi solo nos faltaban las palomitas.
Pero la noche no acabó con cava, como todos nos imaginábamos. Sara discutió con su ex. El Ex con ella y mi madre con todo el mundo.
El invitado de honor le soltó a mi hermana que ahora entendía el problema de cuando estaban saliendo: que solo le ponían las mujeres y que por eso él, no satisfecho como macho, tuvo que lanzarse a los brazos de varias candidatas. Mi hermana loca de rabia le dio un puñetazo en la nariz y mi madre, que se acababa de enterar que ese desgraciado le había puesto los cuernos a su hija, le dio un empujón que lo envió derecho a la fuente del pavo relleno.
Creo que fui la única que disfruté la noche.
Des de entonces pocas veces ha vuelto mi hermana a reunirse con la familia. Pero es que nunca se sabe lo que te espera con mi madre.

Y como no, ese día no podía ser menos. Así que tuve que oír los frecuentes:
“¿Y porque has venido sola?”
“¿Cuándo me vas a dar una alegría?”
“Nunca voy a poder estrenar la cubertería de plata”
“Moriré si ver a ninguna de mis hijas en un altar y vestidas de blanco”
“Nunca seré una abuela joven”
“Hija, creo que si te esforzaras…eres muy mona y tienes que sacarte partido”

Lista interminable que no enumeraré porque estaría hasta mañana.
Pero dentro de lo que cabe la comida fue bien, sí, podríamos decirlo así.

martes, 4 de agosto de 2009

Érase una vez....

Había una vez una princesa en una torre. Aquella princesa no estaba prisionera ni mucho menos. Porque ella lo tenía todo. Tenía un reino a sus pies, un castillo, riquezas, honores y títulos. Pero ella no quería nada de todo eso.
Ella quería los cuentos de hadas que su madre le contaba cuando era niña.
Subía cada día a esa torre y pasaba horas contemplando el bosque y el horizonte esperando que apareciera un príncipe azul a caballo.
Y no se conocía fama de que existiera ningún príncipe azul en el reino ni en los reinos de más allá, pero la princesa creía ciegamente el los cuentos de su madre, aquellos donde había una princesa prisionera en una torre y donde siempre aparecía un príncipe para salvarla.
Quizá creyera que esperando algún día aparecería, pero ni siquiera había pensado en si realmente podía existir. ¿Y en el caso que existiera quien le decía que sería su príncipe azul? Quizá fuera un imbécil, creído y mala persona o …que estuviera casado (a veces pasa).
Y si en algún lugar remoto de este mundo hubiera un príncipe azul…¿Queréis decir que se encuentra esperando en una torre?

21:00 p.m.

Lo mejor de todo es el momento de llegar a casa al final del día y saber que todo ha acabado por hoy.
Te estiras en el sofá hasta que se te duerme el brazo. Me encanta. Tirar los zapatos que te matan los pies. Abrir el armario secreto y prohibido del chocolate y buscar cualquier cosa en la tele. Cualquier cosa.
Silencio, sin histerismos….
Y las llamadas nocturnas de tus amigos para saber como te ha ido el día.
Creo que ya comenté que unos de mis mejores amigos des del accidente a los 8 años es Marc. Bien, pues el trío lo completa Laura.
Laura es un encanto. En cuanto me acostumbré a sus sermones me di cuenta que no podría vivir sin ella. Laura trabaja en una revista contestando a las cartas de los lectores. Siempre se queja y dice que no estudió psicología para pasarse la vida explicando a la gente como ser multiorgásmica, como subir tu autoestima o hablar de los sentimientos y amores imposibles de gente que no conoce de nada. Yo no me la creo. Sé que le encanta y para muestra un botón. Ella, como buena profesional que se considera, siempre contesta poniendo su alma en ello. El problema es que a veces es demasiado realista y sincera.

—Hola Nessa. ¿Qué tal el día?
—Pst…
—¿Qué pensabas hacer ahora?
—Pues supongo que ponerme a llorar con la novela que estoy leyendo, o buscar una peli mala en la tele, meterme en el cuerpo dos tabletas de chocolate y media botella de vino….¿sigo?
—Cancela todo eso tan importante que tienes que hacer. Nos vemos en el bar con Marc y su nueva….emmmm…¿Cómo coño tenemos que llamarla?
—¿Una nueva? Pero si hace dos días iba con…..¿Cómo de llamaba?
—Gloria, creo.
—No, esa es la de la semana pasada.

Marc cree que en algún lugar existe su mujer ideal, pero tiene que buscarla, claro. Y lo lleva a cabo tajantemente. Con su trabajo es fácil conocer mujeres, pero siempre le digo que fotografiando mujeres esqueléticas y muertas de hambre no la va a encontrar. Lo conozco, es mi mejor amigo y se que des de que le abandonó su mujer se ha construido un muro para no volver a sufrir otra vez y supongo que así cree que se protege.

—Bien, es igual. Quedamos a las diez.
—¿Quieres decir? Uf, yo ha me he puesto el pijama y…
—Nessa, no me empieces y mueve ese culo de abuela ochentona con gato que tienes.

Como para negarse.

Y sí, pueden parecer extraños, diferente o en realidad serán como todos, pero tienen una cosa que los diferencia de los demás: son mis amigos y los quiero. Nosotros tres y una buena botella de vino podemos solucionar el mundo en una noche.
La lástima es que no podamos arreglarnos a nosotros mismos. Pero estamos en ello. Así que iré a las diez o ahogar las penas y a conocer la nueva conquista de Marc.

miércoles, 29 de julio de 2009

7:00 a.m.

Lo odio. Odio el “ring” del despertador a las 7 de la mañana. Odio ese maldito ruido que te transporta a la realidad de golpe y con alevosía. ¡Qué rabia!
Ese ruido que te corta el sueño en dos cuando te encuentras en un país lejano vestida como una Geisha y ante una fila de pretendientes que pujan por pasar la noche contigo.
Entonces le das un fuerte golpe con toda la mala leche que te sale de dentro las entrañas e intentas volverte a dormir para descubrir el final de la historia, pero sabes que ya nada será lo mismo.
Lo odio. Tanto como cuando quien te despierta es el teléfono y sabes que al otro lado está tu madre dispuesta a darte la mañana, y el día entero si la dejas.
Aceptas que la mujer que te dio la vida te pregunte a esas horas que si has conocido a un hombre, si has comido cinco piezas de fruta o si te han subido el sueldo.
La mañana ya no empieza bien.
Cuelgas el teléfono con un suspiro y vendes tu alma al diablo por poder quedarte hoy en la cama, pero Lucifer no aparece cuando más lo necesitas así que te diriges a la ducha arrastrando los pies. Te miras en el espejo con cara de sorpresa, esperando quizá no encontrarte allí, y te estiras la cara y las ojeras recordando tiempos de cutis impecable.
Y cuando empiezas a cobrar vida debajo del agua, cuando decides ponerte tu champú caro para pelo castigado…entonces se corta el agua. Sin poder abrir los ojos gritas, abres y cierras el grifo de nuevo y vuelves a gritar. Sólo entonces recuerdas el cartel que leíste ayer en el ascensor: “A la comunidad de vecinos. Se informa que mañana de 7 a 14h. se procederá a cortar el agua de la escalera por reparaciones de tuberías comunitarias. El presidente”.

Exactamente, la mañana ya no empieza bien.

Gastas la garrafa de agua de 5 litros y el agua de la cisterna para enjaguarte el pelo. Ya vas tarde. Prepararas una cafetera pero te olvidas de ponerle café, te manchas la camisa blanca recién planchada (y era lo único que tenias limpio). Sales a la calle y llueve. Subes de nuevo a buscar un paraguas….
Vas muy tarde.
Y cuando llegas a tu puesto de trabajo te recibe la Sra. Armengol, tu medio jefa, con su cara de perro bulldog y ese semblante de “te salvo la vida”.

—Llegas tarde, una vez más. Y tienes una mancha en la camisa.


Y podríais pensar que estoy exagerando, que es imposible que en un solo día pasen tantas cosas. Señores y señoras creedme cuando digo que me estoy reservando la mitad de lo que me puede suceder en una jornada, que no quiero dar pena a nadie y que me queda mucho espacio por completar en este blog.

lunes, 27 de julio de 2009

Envidia sana.

El otro día hablando con una amiga nos confesamos que nos fijamos más en las mujeres que en los hombres. Y ahora no quiero hablar de nada relacionado con atracción sexual ¿vale?
En el fondo las mujeres siempre nos hemos comparado, criticado, envidiado...
Del mismo modo que somos capaces de decir abiertamente que una mujer es guapa o está buena, cosa que a los hombres les causa una cierta alergia, somos las más críticas con nosotras mismas.
Nos miramos en secreto, de reojo para comprobar que ella es más vieja o más joven que yo, más guapa o más fea o, importantísimo, más gorda o delgada.
Nos fijamos en los modelitos que llevan e incluso llegamos a copiarlos. Imitamos la ropa de las cantantes de moda, los peinados de las actrices y el estilo de las modelos de los catálogos. ¡Ilusas!
Cuando miramos las fotos de las portadas de las revistas de moda no podemos evitar un "está retocada", "demasiado delgada, está no se ha comido un helado en su vida" o "creo que es anoréxica".
¿Porqué somos así de perversas?
Después de tanto tiempo de estar bajo el poder de los hombres y luchar por una igualdad entre sexos, porqué no podemos alegrarnos por la otra si tras el régimen ha quedado estupedísima?
Y es que la envidia es muy mala.
Os diré más. Me encantaría saber que se siente, un sólo día. Que se siente sabiendo que tienes un buen cuerpo y una cara que no necesita un ápice de maquillaje para sentirte segura. Que se siente siendo una mujer que anda indemne y que provoca giros de cabezas por donde vaya, una mujer que no le importe lo que las demás puedan llegar a pensar de ella. Sólo por un día.
Sí, ya se que la belleza está en el interior y todas esas cosas, pero...
Por cierto. ¿Quien se inventó está soberana tontería?
Supongo que alguien que sabía que ser perfecto no tiene ninguna gracia...y muchos trucos.

Llamada a 3

Hace un tiempo decidí gastar tiempo en cosas que realmente me llenaran. Cansada de hacer lo que siempre se cree correcto, como un millon de cursos de idiomas (porqué con idiomas de va a todas partes), creí necesario hacer lo que realmente me gustaba...o almenos en parte.
Ya fuera ganchillo, papiroflexia o montar a caballo. Así que sin necesidad de pensarlo mucho me apunté a curso de escritura. Llevo toda la vida escribiendo en trozos de papel historias, pensamientos e ideas que van derechos a la basura por verguenza o por falta de mérito reconocido, pero poco a poco la autoestima y la técnica van en augmento.
Aquí os dejo un relato que será publicado en el libro de antologias de la Editorias este año. No sé si realmente es bueno, pero si que provocó alguna que otra carcajada. Con eso y con que no sepan que está basado en hechos reales...soy feliz.


—¡Hola nena! ¿Estabas durmiendo? —grita una voz enérgica al otro lado del teléfono.
—¿Mmmmmmm? —balbucea Marta como puede intentando despegar los labios y los ojos.
—¿No te despierto, no?
—¿Mamá? ¡Son las siete y media de la mañana de un sábado! —Marta intenta que no se le caiga el teléfono mientras se incorpora un poco en la cama y mira el despertador de la mesilla de noche.
—Pues por eso. Óyeme. ¿Vas a venir a comer mañana?
—No se mamá —le sale sin tener todavía conciencia del mundo— yo…
—Voy a cocinar pescado. Fresco. Ese que tanto te gusta. ¿Sabes el amigo de tu padre, aquel que tiene un barco y pesca a veces? Pues nos ha regalado dos kilos de…. —escupe de carrerilla y sin coger aliento.
—Mamá... —le interrumpe la soñolienta hija— espera un momento que me llaman por la otra línea —intenta acertar con el botón de llamada en espera y contesta—. ¿Si?
—¿Marta? — susurra una vocecita desde el otro lado.
—Sí. ¿Ana? ¿Pero dónde estás? —pregunta sin entender nada aun y empieza a pensar que realmente no es la hora que cree o que le están gastando una broma pesada.
—Estoy en el lavabo —cuchichea intentando subir un poco más la voz—. Oye, no puedo hablar muy alto. ¿Te acuerdas del camarero de anoche? —le pregunta mientras se mira las ojeras en el espejo e intenta arreglarse un poco el pelo.
—¿El niño aquel? —intenta recordar.
—Bueno, pues anoche parecía mayor —suelta con ironía Ana.
—¡No! —Se incorpora de golpe en la cama—. ¡Pero si no debe ser ni mayor de edad!
—Te dije que no me dejaras pasar del tercer gintónic —alza la voz y se tapa la boca cuando se da cuenta que ha gritado demasiado.
—¿Ahora tengo yo la culpa? Y que haces escondida en el wáter? —sonríe para dentro temiéndose lo peor.
—Se ha quedado dormido —le responde con indignación.
—Bueno. Normal. ¿No?
—No. Tenía que irse después y ahora está ocupando mi cama. No se tendría que haber quedado tanto tiempo. En unas horas llega Luís.
—¡Joder Ana! ¿No estaba de viaje?
—Sí, estaba —se lamenta.
—Oye. Espera un momento —y vuelve a pulsar el botón para recuperar la otra llamada—¿Mamá?
—Oye nena, ¿no tendrás a nadie ahí contigo, no? ¿Estoy molestando? —prueba de sonsacarle.
—No mamá. No hay nadie aquí conmigo —coge aire e intenta no perder la calma.
—Pues es una lástima. ¿No salías anoche?
—Sí, salí anoche y ahora tendría que estar durmiendo la mona.
—¡Ay, que pena hija mía! Oye, si quieres traer a alguien a comer mañana, a poder ser del sexo masculino…
—No mamá, no tengo que traer a nadie a comer mañana —se defiende poniendo los ojos en blanco.
—Va a venir tu hermano también —y añade con un poco de rin tintín— con la palillo.
—Susana, mamá, se llama Susana —coge aire y se llena de paciencia.
—Como se llame. No sé cómo no se ha fundido ya con el viento. Por lo que come más le valdría quedarse en casa —adjudica.
—Mamá, es modelo y…
—¿Modelo? ¿Qué clase de profesión es esa?
—Mamá, espera un momento que tengo a Ana en el otro lado —vuelve a pulsar la tecla del teléfono por segunda vez—. ¡Buf! Ana, perdona. Tengo a mi madre en la otra línea que me absorbe la energía de buena mañana.
—¡Será posible! ¿Cómo te atreves a hablar así de la mujer que te dio la vida?—grita la mujer con indignación —. ¡Catorce horas de parto! ¡Catorce! ¡Recuérdalo siempre antes de dirigirte así a tu madre!
—¡Joder! ¿Mamá? —se da un golpe en la frente y mira el inalámbrico maldiciendo a la tecnología moderna—. Perdona, aguarda —intenta volver a hablar con su amiga— ¿Ana?
—Marta, he tirado cinco veces de la cadena para ver si la cisterna lo despierta. Ni se inmuta —dice en voz baja desesperada.
—¿Porque no pasas la aspiradora?
—¿A las siete de la mañana?
—Mi madre seguro que a estas horas ya ha limpiado todo el piso. Hablando de mi madre, espera un momento —y esta vez intenta pulsar el botón correcto.
—Mamá. Ya estoy contigo. Es Ana que tiene un problemilla.
—¡Ana! Dale un beso de mi parte —se hace un silencio—. Espera un momento nena —se aparta un poco el teléfono y se oye gritar de lejos—. ¡Ya voy Juan! —retoma la conversación con su hija—.Tu padre no sabe hacer nada solo.
—Dale un beso a papá.—pide con cariño.
—Sí, ya se lo doy. Entre tú y yo —susurra al teléfono— desde que se ha jubilado no hay quien lo aguante. El otro día…
—Mamá, espera que voy a ver que hace Ana —y esta vez intenta poner más atención para acertar con el botón—. Ana ¿se ha despertado ya tu jovencito portento?
—¿Por qué Ana tiene un hombre en su cama y tú no?
—¡Mamá! ¡Joder! —da un salto de la cama y pone, por fin, los pies en el suelo—. ¡Mierda de teléfono! —y mira dos veces el auricular antes de pulsar de nuevo—. ¿Ana? —pregunta con recelo sin confiar que al otro lado aun este su amiga.
—Marta, este ni se mueve. Ronca como un hipopótamo. ¿No es muy joven para roncar así?-continúa con sus susurros y espiando por una rendija de la puerta al cuerpo tumbado en la cama.
—¿Por qué no le despiertas y le explicas que tiene que irse? —opta por decirle con la mayor sensatez que encuentra.
—Aix…Me sabe mal. Pobrecito. Es tan mono.
—Bueno, pues cuando llegue Luís le presentas a esa monada de diecisiete años que está en su cama.
—¡Joder! ¡Es verdad! Luego te llamo —y levantando la voz por primera vez cuelga el teléfono.
—¿Mamá? —Marta piensa que aún le queda una conversación por zanjar y espera que sea rápido.
—Bueno nena. Te espero mañana. ¿No? A ti sola —y recalca con malicia—. S-O-L-A.
—Sí mamá, nos vemos mañana. Qué remedio —suspira incrédula mirando de nuevo el reloj y sabiendo que ya no podrá volverse a dormir.

Dentro y fuera.

¡Qué bueno es recibir correo de los amigos! Sobretodo de esos que viven lejos y que tienen tantas cosas que contarte o simplemente ganas de saludarte para demostrarte que se acuerdan de ti.
Por eso cuando veo en mi bandeja de entrada alguno de esos nombres lo dejo todo y me lanzo a leerlo y, si puede ser, responder.
Pero el de hoy ha sido para contarlo. Mis compañeros de trabajo han sacado sus cabezas de los despachos para enterarse quien era la loca que se reía desesperadamente sin casi poder respirar (sé que leer el correo personal en el trabajo no está muy bien visto, pero que tire la primera piedra quien…).
El mail en cuestión era de mi amiga E* (vamos a mantenerla en el anonimato) que vive en otro país y que me informa semanalmente de sus compras, nuevas adquisiciones zapatiles, salidas y vida en general.
Bien, abro su mail y encuentro letras enormes (fuente 38 como mínimo) y de color rojo chillón anunciándome que habían cometido sacrilegio con ella. Me explica entre admiraciones que el día antes había ido a depilarse donde suele hacerlo normalmente. La chica en cuestión es una brasileña que también hace la manicura todo por un módico precio.
Y ya conocemos el significado de la depilación brasileña, así que nos imaginamos como se le puede ir la mano. E*, que siempre ha sido de ceja ancha, me escribe entre emoticones de sollozos y terror, que le ha dejado sin cejas.
—Dios mío Nessa! No veas el disgusto cuando me he mirado en el espejo! ¡Casi me pongo a llorar y todo! He llegado a la oficina esta mañana con gafas de sol y tentada estaba de no quitármelas. La gente me miraba y me decía que me veían diferente. Pero ya me lo tenía que haber imaginado. Hay que tener cuidado con ella porque en cuanto te descuidas se le va la mano. La primera vez que fui a depilarme las ingles casi me muero del susto. Vale que yo le dije que las quería bien entradas, pero el concepto de bien entradas para una brasileña es bastante diferente al nuestro.
—A mí, la verdad, me gustan las ingles bien depiladas también —le comento inocente.
—No Nessa, no me entiendes. Ella lo hace por dentro y por fuera. Y cuando digo dentro y fuera quiero decir dentro y fuera, por atrás y por delante.
—¿Dentro, quiere decir dentro de dentro? No me cuentes más que me empiezan a subir unos calores…
—Exacto. Dentro dentro. ¡Qué te quitan las braguitas y te crees que estás en la consulta del ginecólogo! Una vez y no más. Tendrían que prohibirlo en la Declaración de los Derechos Humanos por tortura. No veas cuando me vio mi novio. Aún lo tengo que escuchar ahora. Y es que él dice que le gusta el pelo y que le daba cosa tocarme porque parecía que estuviera con una niña. No he dejado que me lo vuelva a hacer.

Claro, este concepto no lo conocía yo. Pero me quedo con la frase “A mi novio le gusta el pelo”. Me hace que pensar.
Así que prohibiéndole rotundamente que se pinte las cejas con lápiz marrón, me despido de ella y le pido que me envíe un par de fotos para colgarlas junto este texto en el blog.

jueves, 23 de julio de 2009

En el divan

No creo que esté tan mal de la cabeza o que esté tan loca como para preocuparse. Ni que sea tan rara como me repite mi madre constantemente.
Confieso que a veces puedo parecer un poco….digamos diferente. O quizá no, quizá sea como todo el mundo, con sus cosas, con sus miedos, con sus angustias y sus manías.

Puede ser que todo sea un trauma de la infancia. ¿No dicen que te marca tu persona y tu futuro?
Sí, pues es eso. Seguro que todo viene desde el cumpleaños de Marc. Mi vida ya no fue la misma desde aquella tarde que me comí a escondidas en la cocina, y mientras los demás niños jugaban, medio pastel de chocolate del que es desde entonces mi mejor amigo.
El esfuerzo físico de correr alrededor de la piscina perseguida por el anfitrión, que se creía que por cumplir los 8 años le iba a besar, provocó en mí una reacción contraproducente.
Vomité toda la masa calórica encima de su tía. Y vamos a hacer puntualizaciones importantes. Vomité encima de su tía millonaria, posible cliente clave en el negocio de mi padre, posible inversora y receptora de elogios y peloteos varios por parte de mi madre.
Pues esa misma, mi madre, muerta de la vergüenza me arrastró por un brazo hasta a casa y me dejó bien claro que me desheredaba para siempre.
Pero que podía hacer yo? El deporte nunca ha sido mi fuerte y el chocolate me encanta.
Ese día, y demasiado joven, aprendí que mis vicios me llevarían por el camino de la perdición el resto de mi vida. Y así ha sido.
Desde entonces Marc no se ha separado de mí y recuerda la anécdota como la mejor fiesta de su vida.

Bien, pues eso mismo, el parecer normal, es lo que intento hacerle creer a mi psicoanalista cada miércoles. Durante la hora que dura mi sesión hablo sin ningún orden ni rumbo y sin saber como acabaré. Hablo y hablo hasta que mira su reloj de pulsera y me informa que se acabó mi tiempo.
No recuerdo muy bien como empezó todo, pero sigo yendo convencida que en realidad no me lleva a ningún sitio.
Quizá sea la manera de poder quejarme de mi madre sin sentirme culpable.
Y intento convencerlo que hay muchos como yo. Muchos que viven en las nubes soñando para hacer su vida un poco mejor. Muchos que cada día asisten a un trabajo que no soportan. Muchos que como yo les cuesta pagar su hipoteca y cambiar el aceite del coche. Muchos que están a las puertas de los 30 y que aún no saben que será de su vida. Muchos que deben sufrir como les dicen que a su edad deberían estar casados, con hijos, con un hogar fabuloso y un camino fijado.
Bien….
Mi amiga Laura dice que en realidad todo es culpa de la globalización y que ir al psicoanalista es muy americano y ahora se ha puesto de moda creer que con terapia se soluciona nuestra vida.
Yo por si acaso….
 

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